El lavado de pulverizadoras tras el tratamiento de los cultivos ha sido un desafío constante debido al riesgo de contaminación de suelos y aguas subterráneas por fitosanitarios. Para abordar este problema, se han desarrollado en los últimos años sistemas de tratamiento especializados que utilizan camas biológicas para gestionar de manera segura los residuos generados durante el proceso de lavado.
Estos sistemas están diseñados para degradar los residuos de agroquímicos de forma eficiente, utilizando microorganismos que transforman los productos nocivos en compuestos menos peligrosos. Este enfoque ha sido validado en más de 30 países y reconocido internacionalmente como una solución efectiva para el manejo de efluentes, contribuyendo a la protección del medio ambiente.
Instalación y diseño de la cama biológica
La instalación de un sistema de tratamiento de efluentes implica la construcción de una plataforma impermeable donde se realiza el lavado del equipo. Esta plataforma debe estar diseñada con una pendiente adecuada para dirigir el efluente hacia la cama biológica. Según Marcela Genero, ingeniera agrónoma del INTA, es fundamental contar con un borde perimetral que contenga posibles derrames.
La cama biológica, donde se lleva a cabo la degradación de fitosanitarios, requiere una excavación de entre 25 y 50 centímetros de profundidad. La impermeabilización del fondo y las paredes es crucial para evitar la filtración de contaminantes al suelo. Además, se sugiere la implementación de un techo para prevenir la acumulación de agua de lluvia.
Composición y mantenimiento de la biomixtura
La biomixtura que se utiliza en la cama biológica está compuesta por un 50% de paja de cereales, un 25% de tierra local y un 25% de compost o turba. Esta mezcla proporciona los nutrientes y microorganismos necesarios para la degradación de los agroquímicos. Para mantener su efectividad, es esencial mantener la biomixtura húmeda, airearla periódicamente y renovarla cada cinco a siete años.
Diversas opciones de tratamiento
Existen diferentes modelos de camas biológicas, incluyendo el conocido Biobed, que fue desarrollado en Suecia en los años 90 y se ha difundido ampliamente. Este sistema puede incluir variantes mejoradas con recirculación del efluente, aumentando así la eficiencia de degradación. Otras opciones como el Biopurificador y el Phitobac ofrecen alternativas para situaciones específicas, como suelos rocosos o niveles freáticos altos.
En Argentina, la regulación del manejo de efluentes de agroquímicos está a cargo de las provincias, y en Córdoba, por ejemplo, se establecen normativas que exigen un tratamiento adecuado de estos residuos. Las camas biológicas han sido aceptadas como una solución técnica válida por el Senasa y el INTA, facilitando su implementación a través de programas de Buenas Prácticas Agrícolas.
Fuente: La Nación










