El reciente avance del Senado en la aprobación de un proyecto de ley sobre biocombustibles ha generado un amplio debate en redes sociales, con críticas que provienen tanto de influencers como de actores del sector agrícola. Entre las principales objeciones se encuentran la utilización de etanol y biodiésel en un país exportador de petróleo, el costo fiscal asociado y el uso de materias primas alimentarias para la producción de energía.
Sin embargo, el argumento de «alimentos o energía» ha sido superado por la dinámica actual del mercado global. El crecimiento en la producción agrícola ha sobrepasado a la demanda, y la desaceleración del crecimiento poblacional, especialmente en países como China, ha cambiado el escenario que existía hace una década.
Las estrategias de Brasil y Estados Unidos
Brasil y Estados Unidos, competidores directos de Argentina en la producción de soja y maíz, han adoptado el uso de biocombustibles como una herramienta clave para sostener sus sectores agrícolas. En Brasil, el uso de maíz para la producción de etanol ha crecido exponencialmente, pasando de menos de 2 millones de toneladas a más de 22 millones en solo ocho años, con proyecciones de alcanzar 38 millones para 2033. Esta estrategia les permite diversificar sus mercados y reducir la dependencia de la exportación del grano.
Por otro lado, Argentina apenas utiliza 2 millones de toneladas de maíz para bioetanol y un 66% de su producción se destina a la exportación como grano. En comparación, Estados Unidos exporta solo el 20% de su producción, mientras que Brasil exporta el 28%.
El futuro de la producción agrícola
Además del maíz, Brasil también está incrementando el uso de su soja para biodiésel, entendiendo la necesidad de diversificar sus mercados más allá de la dependencia de China, que absorbe cerca del 80% de sus exportaciones. A través de esta estrategia, Brasil está en camino de convertirse en el principal exportador global de productos agrícolas, superando a Argentina en poco tiempo.
De manera similar, la Asociación de la Soja de Estados Unidos ha apoyado el incremento en el uso de aceite de soja para biodiésel, reconociendo que esto podría generar mejores precios para los productores. Actualmente, en Estados Unidos se utiliza más aceite de soja para biodiésel que para consumo culinario.
En cuanto al costo fiscal del proyecto argentino, este plantea un aumento marginal en el corte de etanol y biodiésel. En contraste con otras leyes que han otorgado beneficios fiscales significativos, la legislación sobre biocombustibles debería ser vista como una herramienta vital para la política agrícola y agroindustrial.
Finalmente, para que Argentina pueda fortalecer su posición en el mercado global, el corte de biodiésel debería incrementarse al 15%. Esto permitiría retirar oferta de aceite de soja del mercado internacional, aumentando el precio y mejorando el poder adquisitivo de los productores.
Fuente: La Nación










