Organizaciones de productores y expertos en climatología están en alerta ante la posibilidad de que el fenómeno climático conocido como El Niño se intensifique en los próximos meses, con proyecciones que sugieren la posibilidad de un Super El Niño para el último trimestre del año. Este patrón climático, que se relaciona con el calentamiento de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial, trae consigo una serie de complicaciones para el sector agrícola.
Desde abril, se han registrado incrementos significativos en la temperatura superficial del océano, que podrían superar los 2.5°C respecto a la media histórica. Este calentamiento no solo afecta el clima, sino que también impacta directamente en la producción agrícola, generando una brecha productiva del 34% en cultivos como la soja.
La llegada de El Niño podría intensificarse entre septiembre y diciembre, generando un exceso de lluvias en un período crítico para la agricultura, lo que podría resultar en pérdidas significativas debido a inundaciones y la falta de acceso a los campos. Históricamente, este ciclo de crisis ha llevado a gobiernos a reaccionar con planes de emergencia, pero la situación parece repetirse sin cambios estructurales.
Para abordar esta problemática, es esencial implementar soluciones que aborden tres aspectos fundamentales: infraestructura rural, obras hidráulicas y el manejo de suelos. La red de caminos rurales, por ejemplo, presenta serios problemas de mantenimiento, lo que impide la evacuación de cosechas y ganado, afectando la economía del país.
Además, es crucial finalizar las obras hidráulicas necesarias para la gestión de excedentes hídricos y el saneamiento de arroyos. Sin embargo, estas intervenciones deben ir acompañadas de una atención a las causas del problema, como la compactación del suelo y la falta de rotación de cultivos, que agravan los efectos de las inundaciones.
Expertos proponen que se retenga el agua donde cae, mejorando la salud del suelo mediante prácticas como la rotación de cultivos y el uso de cultivos de cobertura. Es fundamental contar con un marco legal que promueva estas prácticas a través de incentivos económicos.
La solución a la crisis de inundaciones requiere un enfoque integral que contemple todas las aristas del problema, para así evitar los ciclos de promesas y emergencias que han caracterizado la respuesta ante fenómenos climáticos como El Niño.
Fuente: La Nación










