En un contexto donde muchos jóvenes optan por abandonar sus raíces hacia las grandes ciudades, Tomás Bonfiglio, de 22 años, ha decidido permanecer en su localidad natal para dirigir el tambo familiar. Desde los 17 años, ha asumido la responsabilidad de un negocio que fue fundado por su abuelo y que ha evolucionado a través de tres generaciones.
Una pasión arraigada en la tradición familiar
La trayectoria de Tomás en el campo comenzó tras finalizar sus estudios en un secundario técnico agropecuario. Su decisión de no continuar con la universidad se basó en su deseo de contribuir a la empresa familiar, evitando que su padre incurriera en gastos innecesarios. «Decidí quedarme aquí porque sabía que me gustaba el campo y que quería ayudar a mi familia», comenta Tomás.
Desde su llegada, Tomás ha tenido que enfrentar numerosos desafíos. La situación económica del tambo lo obligó a involucrarse rápidamente, aprendiendo sobre la marcha y asumiendo responsabilidades significativas.
Rompiendo barreras con transparencia
En un intento de cerrar la brecha entre el campo y la ciudad, Tomás ha comenzado a compartir en redes sociales la realidad del negocio agropecuario. A través de publicaciones que muestran números y decisiones productivas, busca que el público comprenda el esfuerzo que implica la producción de alimentos. «Lo que hago es bueno porque nadie cuenta la realidad del productor», afirma.
Tomás destaca los altos costos de operación del tambo, donde la energía y el combustible juegan un rol crucial. «Hoy, si vendes 50 mil litros de leche, ganar más de un 10% de rentabilidad es complicado», explica, subrayando la creciente concentración de producción en la región y la desaparición de emprendimientos menos eficientes.
Innovación tecnológica al servicio de la producción
La incorporación de robots de ordeño ha sido un cambio significativo para el tambo. Esta inversión no solo ha permitido automatizar tareas, sino que también ha facilitado la toma de decisiones basadas en datos en tiempo real. «La inversión fue muy grande, pero nos ha proporcionado mucha sabiduría en cuanto a alimentación y reproducción», señala.
Además de los beneficios económicos, la tecnología ha mejorado la calidad de vida en el establecimiento, tanto para los animales como para el personal. «Hemos logrado bienestar animal y calidad de trabajo», resume Tomás.
Agregando valor a la producción
La empresa también se ha diversificado, procesando su propia leche para fabricar quesos y mozzarella. Esta estrategia ha permitido a Tomás no depender exclusivamente de la venta de leche fluida, lo que resulta esencial en un mercado de márgenes ajustados. «Si hubiéramos vendido solo leche, no hubiéramos podido invertir en robots», afirma.
Un mensaje para las nuevas generaciones
Tomás utiliza sus plataformas para inspirar a otros jóvenes a involucrarse en el campo, al tiempo que comparte los retos del día a día en la producción agropecuaria. «Los números mandan; si no haces las cosas bien, te fundes», advierte.
Con su enfoque en la educación y la gestión, busca motivar a otros a valorar el trabajo en el campo. «El saber no ocupa lugar y lo mejor es saber hacer las cosas uno mismo», concluye.
Fuente: Info Campo










