En la olivicultura moderna, la eficiencia se ha convertido en el pilar fundamental para alcanzar la competitividad en el mercado global. La producción agroindustrial en Mendoza, caracterizada por la riqueza de su suelo y la disponibilidad de recursos hídricos, está experimentando una transformación profunda.
Un claro ejemplo de esta evolución se observa en una finca de 850 hectáreas en Rivadavia, donde 630 hectáreas están dedicadas al cultivo de aceitunas. Este modelo de producción ha permitido obtener un gran volumen de aceitunas cosechadas, con rindes de aceite que alcanzan el 17%, superando el estándar habitual de 14-15%.
El verdadero avance radica en la incorporación de tecnología de vanguardia. La implementación de cosechadoras de última generación ha revolucionado la eficiencia operativa, con tolvas de 5000 litros que disminuyen considerablemente las paradas de descarga y velocidades de recolección de hasta 5,5 km/h en setos densos. Este salto tecnológico ha reducido los tiempos de campaña por hectárea entre un 20% y un 30%.
Más allá de la logística, este avance también ha mejorado la calidad del producto. La recolección acelerada permite cosechar cada variedad en su ventana óptima de envero, maximizando el rendimiento graso y aumentando la proporción de Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) de acidez mínima.
En este contexto de transformación, la demanda global de aceite de oliva también juega un papel crucial. El consumo de este producto, reconocido por sus beneficios nutricionales, ha aumentado, y los consumidores buscan alimentos que contribuyan a su bienestar.
La velocidad en la logística es esencial; desde la recolección hasta el almacenamiento, el proceso no requiere transformación química, lo que permite que el aceite esté listo en tan solo 3 o 4 horas tras la cosecha. Este factor asegura una calidad superior del producto final.
La reciente acumulación de nieve en la cordillera mendocina garantiza una óptima recarga de los acuíferos, lo cual es vital para el ciclo productivo 2026-2027. La combinación de derechos de riego y sistemas automatizados asegura el crecimiento vegetativo adecuado de los cultivos.
La olivicultura argentina se encuentra en una oportunidad histórica. La obtención de la Identificación Geográfica (IG) para el Aceite de Oliva Extra Virgen de Mendoza refuerza la reputación de la región. Con economías de escala que permiten optimizar infraestructura y servicios, el reto es seguir integrando tecnología y prácticas sostenibles para llevar lo mejor de la producción local a los mercados de exportación más exigentes.
Fuente: La Nación










