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El Maíz Tardío y el Impacto del Fenómeno El Niño: Claves para una Exitosa Siembra

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Con la llegada de pronósticos que anticipan un año de El Niño, los productores agrícolas se enfrentan a la necesidad de ajustar sus estrategias para la siembra de maíz tardío. A pesar de la creencia generalizada de que habrá abundantes lluvias en todas partes, la realidad climática es más compleja y requiere un análisis detallado.

El rendimiento del maíz se determina principalmente durante el período crítico, que ocurre en un mes específico centrado en la floración. Es fundamental entender que la cantidad de agua disponible durante esas semanas es más relevante que el total de lluvia caída a lo largo de toda la campaña agrícola.

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El maíz temprano, sembrado entre septiembre y octubre, florece en diciembre, aprovechando días largos y radiación intensa, lo que le otorga un mayor potencial. Sin embargo, su período crítico está expuesto a lluvias variables y a un déficit que tiende a intensificarse en enero. En contraste, el maíz tardío, sembrado entre fines de noviembre y diciembre, florece entre febrero y marzo, lo que significa menor demanda atmosférica y un menor riesgo de estrés hídrico.

Estudios realizados por el grupo Ecofisiología e Intensificación (EI) han analizado 50 años de datos del Servicio Meteorológico Nacional en diversas regiones agrícolas. Estos estudios revelan que las diferencias de lluvia entre los años de El Niño y El Niña se concentran principalmente en noviembre y diciembre. Aunque El Niño incrementa la probabilidad de lluvias abundantes, no garantiza su ocurrencia, lo que se ha evidenciado en años donde se han registrado condiciones secas durante el fenómeno.

La fase crítica del maíz temprano coincide con los meses de mayor actividad del fenómeno, lo que permite capitalizar sus beneficios. Por otro lado, el maíz tardío atraviesa su etapa clave cuando las lluvias son más regulares, lo que puede reducir el impacto esperado de El Niño. Sin embargo, un exceso de lluvias en noviembre y diciembre podría complicar la siembra y favorecer el crecimiento de malezas y enfermedades.

Datos obtenidos en 122 departamentos de la región pampeana, que abarcan casi el 60% del área dedicada al maíz en el país, muestran que desde 1984 hasta 2023, El Niño ha elevado los rendimientos en la mayoría de la región, con incrementos de hasta un 22%. Esto sugiere que el impacto de la campaña dependerá de la proporción de maíz temprano y tardío sembrado.

Para la siembra del maíz tardío, es esencial respetar las fechas de siembra. Análisis probabilísticos indican que retrasar la siembra más allá de la primera quincena de diciembre aumenta el riesgo de heladas tempranas, especialmente en el sur y el oeste del país. Además, un barbecho prolongado en años húmedos puede dejar más nitrógeno disponible, lo que reduce la respuesta a la fertilización y requiere dosis más conservadoras.

Con El Niño en camino, la oportunidad para los productores está presente, pero se centra en el maíz temprano y en ciertas áreas. Para el maíz tardío, la planificación óptima se basa en fechas de siembra ajustadas, una nutrición adecuada y una densidad acorde al híbrido utilizado, prestando especial atención al período inicial y a posibles adversidades.

Fuente: La Nación

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