En el helado entorno del Canal de Beagle, donde el invierno patagónico impone un desafío constante, Nelson Ginter y su esposa María Alejandra Pirchio han encontrado una forma de vida singular. Con 62 y 59 años respectivamente, esta pareja ha logrado producir huevos de color azul a través de la cría de gallinas ponedoras en uno de los lugares más australes del mundo, Ushuaia.
A pesar de sus orígenes en la llanura pampeana, Ginter se trasladó a Tierra del Fuego en 1989 en busca de nuevas oportunidades laborales. Su pasión por la avicultura comenzó como un hobby, pero con el tiempo se ha convertido en un emprendimiento esencial para la alta cocina fueguina. A lo largo de los años, ha adaptado su producción a las difíciles condiciones climáticas, manteniendo un rebaño de 115 aves en su hogar y un lote en Punta Paraná.
El camino hacia la producción de huevos de calidad no ha sido sencillo. Ginter comenzó a criar gallinas comunes en la década de 1990, pero fue gracias al apoyo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que logró mejorar su stock. Con el tiempo, el INTA le proporcionó varias aves adaptadas a las inclemencias del clima patagónico, permitiéndole alcanzar un punto máximo de 160 gallinas en su granja.
Las condiciones climáticas extremas requieren de una logística meticulosa. Durante el verano, las aves son trasladadas a Punta Paraná, donde disfrutan de un ambiente más propicio. Sin embargo, el invierno trae consigo desafíos significativos, incluyendo la falta de infraestructura térmica adecuada. Ginter debe trasladar a sus gallinas de vuelta a Ushuaia, donde las aves reciben cuidados constantes y luz artificial para garantizar la producción de huevos.
La genética de las gallinas que cría Ginter ha sido una clave fundamental para su éxito. Las aves, cruzadas con la raza Araucana, son resistentes al frío y producen huevos de tonalidades azuladas, lo que les confiere un valor añadido en el mercado local. Sin embargo, a pesar de los logros, la pareja enfrenta desafíos adicionales, como los altos costos de transporte de alimentos hacia la isla, que duplican los precios en comparación con otras provincias argentinas.
A pesar de las dificultades, la calidad de sus huevos es altamente valorada y la demanda crece a través del boca a boca. Ginter abastece a reconocidos restaurantes de la región, como Kalma Restó y Crujiente, quienes utilizan sus productos en platos galardonados. Su historia es un ejemplo de perseverancia y adaptación en un entorno adverso, resaltando el valor de la producción local en el sur argentino.
Fuente: La Nación










