La Cámara de Diputados ha dado un paso significativo al aprobar media sanción a un proyecto que busca incorporar nuevas figuras relacionadas con el vandalismo rural al Código Penal. Este avance legislativo se destaca no solo por el endurecimiento de las penas, sino también por poner sobre la mesa un debate que ha permanecido relegado durante décadas: la disparidad en la protección jurídica de la propiedad entre áreas urbanas y rurales.
La iniciativa surge ante una realidad alarmante que productores, entidades rurales y cuerpos de seguridad han denunciado durante años. Hechos como roturas de silobolsas, daños en instalaciones productivas y el ingreso ilegal a campos han creado un clima de vulnerabilidad y desprotección para aquellos que habitan en el campo. La propuesta legislativa busca reclassificar ciertos comportamientos, que en muchos casos son considerados simples contravenciones, como delitos. Por ejemplo, el ingreso no autorizado a un campo, que actualmente no recibe la misma atención que una entrada a una vivienda urbana.
El diputado Martín Ardohain, presidente de la Comisión de Agricultura, señaló que es fundamental reconocer esta desigualdad, expresando que “se terminan las luces y se termina la ley”. Además, el proyecto también actualiza la consideración de los activos productivos rurales, ya que el Código Penal argentino fue redactado en 1921 y no contempla las herramientas modernas que son esenciales hoy en día, como silobolsas y sistemas de riego.
A pesar de estos avances, se debe tener en cuenta que la inseguridad rural no se resolverá únicamente mediante una reforma legal. Ardohain advirtió que el verdadero desafío comenzará después de la posible sanción definitiva. Aunque se tipifiquen delitos y se establezcan penas, la efectividad de estas medidas dependerá de factores como patrullas rurales operativas, capacitación de la policía y un sistema judicial que actúe con celeridad.
Un aspecto crucial del reclamo del agro es la percepción de impunidad. Muchos productores afirman que han dejado de denunciar delitos debido a la falta de avances en los expedientes y la escasa respuesta a las denuncias. Si esta situación no se modifica, la nueva legislación corre el riesgo de convertirse en un documento sin impacto práctico.
La amplia mayoría obtenida en Diputados, con 162 votos a favor, también refleja un consenso político en torno a la problemática de la inseguridad rural. La votación muestra que, a pesar de las divisiones en el Congreso, existe un reconocimiento generalizado de la situación que enfrentan los productores rurales. Sin embargo, la oposición al proyecto por parte de algunos bloques de izquierda y miembros de Unión por la Patria ha sido criticada como un error.
Ahora, el proyecto deberá ser considerado por el Senado. Si se convierte en ley antes de fin de año, comenzará un nuevo desafío: implementar una mayor protección para quienes viven y producen en el campo.
Fuente: La Nación










