Claudio Giusti, un productor agrícola con más de dos décadas de experiencia, ha tomado la difícil decisión de arrancar los manzanos que su padre plantó hace 26 años en su finca de La Consulta, Mendoza. La razón detrás de este cambio drástico es sencilla: los números de la manzana ya no cierran.
Durante años, Giusti mantuvo la esperanza de que la situación del mercado mejoraría, especialmente al observar que otras quintas de la región estaban cerrando. Sin embargo, esa mejora nunca llegó. «Año tras año se decía: ‘No, este año va a valer’. Se arrancaban quintas y uno pensaba que el mercado podría pedir más, pero no ocurrió», relató.
La decisión de arrancar los árboles no fue fácil, dado el vínculo emocional que tiene con la finca. Giusti comentó que, aunque la parte emocional es importante, es necesario separar esos sentimientos de la necesidad comercial. «Tampoco podés vivir de las emociones. Yo también vivo de esto», afirmó.
Un Cambio de Cultivo Promisorio
Giusti, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Mendoza (CAR Mendoza), ha optado por la siembra de ciruelas D’Agen, una variedad que se destina principalmente al desecado y que tiene un mercado en expansión, especialmente hacia China y España.
La situación actual del mercado de manzanas es crítica. Según Giusti, las últimas cosechas de manzana se destinaron en su mayoría a jugo, con un precio de $370 por kilo, mientras que la ciruela se paga entre $600 y $700 por kilo, con un rendimiento potencial de hasta 30,000 kilos por hectárea.
Desafíos de la Reconversión Agrícola
Sin embargo, el cambio de cultivo no es inmediato. Giusti deberá esperar al menos tres años para ver la primera cosecha de ciruelas y hasta seis para alcanzar el rendimiento óptimo. Este período de espera requiere una sólida base financiera para sostener la finca durante la transición.
A pesar de que no tenía planeado hacer este cambio este año, la disponibilidad de plantas injertadas de ciruelo lo llevó a tomar la decisión. «Este año no lo iba a hacer, pero conseguí las plantas. Eso es una ventaja también porque las plantas las tenés que comprar injertadas, vienen de vivero», explicó.
La Resiliencia del Productor Agrícola
Giusti ha realizado reconversiones similares en el pasado, como el reemplazo de perales por ciruelos cuando el mercado de la pera se volvió insostenible. A pesar de todos los desafíos, continúa cultivando viñas, aunque esta también enfrenta dificultades. Sin embargo, su participación en una cooperativa le permite mantener esta actividad.
«La vida del productor es un poco esta también: tenés que ir modernizándote y haciendo cosas que, por ahí, lo emocional lo dejás a un costado. Tenés que vivir», concluyó Giusti. Con estos cambios, el productor espera no solo adaptarse a las exigencias del mercado, sino también asegurar la viabilidad de su finca a largo plazo.
Fuente: La Nación










