La producción y demanda de soja han experimentado un notable crecimiento en las últimas dos décadas, superando el 100%. Para esta nueva temporada, se anticipa un aumento del 3% en la demanda mundial, impulsado por el creciente requerimiento de harinas y políticas favorables que fomentan el uso de biodiésel en varios países.
La cadena de soja se posiciona como el principal sector de exportación en el país, aportando en 2025 el 24.2% del total de las exportaciones, equivalente a US$21.440 millones. De esta cifra, el 40% corresponde a harina y pellets de soja, el 34% a aceite y el 23% a grano, con un notable incremento en la demanda desde China.
Para el presente año, se espera que la soja continúe siendo el principal sector dentro de una agroindustria que superará los US$35.000 millones, gracias a volúmenes de producción similares pero a precios más elevados. Argentina se mantiene como el mayor exportador de harina y aceite de soja, productos que son altamente valorados por su calidad en el mercado internacional.
El contexto internacional, marcado por conflictos armados y pujas arancelarias, ha traído una baja en la producción del hemisferio norte, lo que afecta los stocks de cultivos y presiona favorablemente los precios. Además, el fenómeno de El Niño podría impactar negativamente en la producción de regiones tropicales, mientras que beneficia las regiones templadas donde se concentra la siembra en Argentina.
Con un clima favorable, se presenta la oportunidad de implementar un manejo ofensivo en la producción de soja. Esto incluye la utilización de semillas de calidad, la planificación de siembra en fechas óptimas y el refuerzo de prácticas agronómicas que aseguren un rendimiento óptimo.
Desde un punto de vista financiero, se recomienda aprovechar las herramientas del mercado en un escenario de precios al alza, protegiendo las inversiones. Sin embargo, el potencial de producción de soja en Argentina aún está lejos de alcanzar las 65 a 70 millones de toneladas que podrían lograrse con incentivos impositivos adecuados.
El sector agroindustrial no solo genera empleo y arraigo, sino que también es un pilar fundamental del federalismo en el país. A pesar de los avances en la macroeconomía, persisten desafíos en el acceso a bienes y la mejora del nivel de vida.
Se requiere un marco institucional estable y un sistema impositivo más equitativo que apoye el desarrollo del sector agropecuario. Con un tratamiento parlamentario más activo, hay esperanzas de que el crecimiento en rubros como petróleo, gas y minería contribuya a una balanza de divisas positiva y a la movilidad social en regiones necesitadas.
Con un mensaje claro de colaboración, se plantea un futuro optimista para el sector: “Todos juntos, manos a la obra”.
Fuente: La Nación










