Este mes se conmemora el noventa aniversario de la primera publicación de Silvina Ocampo, cuya obra ha dejado una huella indeleble en la literatura argentina. El cuento «La siesta en el cedro» fue presentado en el número 26 de la Revista Sur en noviembre de 1936, y posteriormente formó parte de su primer libro, Viaje olvidado, publicado en 1937. Este relato no solo marca el inicio de su carrera literaria, sino que también destaca por las características que definirían su estilo a lo largo de su obra.
La narrativa de Ocampo presenta a dos pequeñas amigas que, aunque provienen de contextos diferentes, encuentran en la amistad un refugio. En el relato, Cecilia, hija del jardinero, y Elena, de una familia acomodada, comparten juegos y secretos en un jardín, ilustrando una atmósfera de inocencia y fantasía que permea la obra de la autora. Un año después de la publicación, su hermana, Victoria Ocampo, reconocida crítica y fundadora de la revista, reseñó su primer libro destacando la conexión entre lo conocido y lo desconocido, como en un sueño.
La obra de Silvina Ocampo está impregnada de elementos autobiográficos, reflejando su propia infancia en un hogar lleno de sirvientes y la influencia de una institutriz. La temática infantil, recurrente en su producción, se manifiesta en personajes que oscilan entre la inocencia y la crueldad. La mirada crítica de la protagonista hacia el mundo adulto se pone de manifiesto en la libertad que encuentra durante la siesta, un momento que contrasta con las restricciones impuestas por los mayores.
Victoria Ocampo también observó que en los cuentos de su hermana los personajes y objetos se entrelazan de una manera que emula la percepción infantil. Sin embargo, su crítica no escatimó en señalar que la prosa de Silvina contenía tanto hallazgos como desaciertos, lo que la hacía una escritora singular. A pesar de las críticas, es indiscutible que su formación en dibujo y pintura, y su relación con figuras como Giorgio De Chirico y Fernand Léger, influyeron en la atmósfera onírica de sus relatos.
Ocampo, quien admitió haber crecido en un entorno multilingüe, sintió que su educación en francés e inglés antes que en español afectó su forma de escribir. Esta mezcla de idiomas contribuyó a su originalidad y a la creación de un estilo único, que todavía resuena con fuerza en la actualidad. Su modo de abordar el proceso creativo refleja una búsqueda de libertad, donde la concentración y la pérdida de conciencia se entrelazan.
En sus propias palabras, Silvina Ocampo describe su escritura como un estado de sonambulismo: «Uno es una especie de sonámbulo que está caminando en la oscuridad…». Esta metáfora encapsula su habilidad para explorar las profundidades de la realidad y la fantasía, revelando la complejidad del mundo que nos rodea. Su legado literario continúa invitando a los lectores a despertar de la rutina diaria y a descubrir las múltiples facetas de la existencia.
Fuente: La Nación










