El maíz tardío ha incrementado su superficie sembrada gracias a su capacidad para mitigar el riesgo hídrico durante la etapa de floración. Sin embargo, esta mayor estabilidad no garantiza automáticamente un rendimiento elevado, ya que la gestión del nitrógeno (N) sigue siendo una de las principales brechas a superar.
El desafío radica en determinar cuánto nitrógeno aporta el suelo, cuál es la demanda del cultivo y el momento adecuado para complementar la oferta. La siembra tardía, que se realiza después de un barbecho más largo y cálido, permite que el suelo llegue a la siembra con una mayor disponibilidad de N, gracias a la mineralización de materia orgánica.
Para medir el nitrógeno disponible, se recomienda realizar un diagnóstico antes de la siembra. Esto incluye medir los nitratos en el suelo hasta 60 cm de profundidad y complementarlo con el nitrógeno mineralizable (Nan) en los primeros 20 cm. Dada la movilidad del nitrógeno en el suelo, es crucial que esta medición se realice lo más cerca posible del momento de siembra.
La cantidad de nitrógeno necesaria puede variar, pero los ensayos sugieren que un umbral de suficiencia se sitúa entre 170 y 180 kg de N/ha disponibles en presiembra. Un cultivo de maíz que busca alcanzar 10.000 kg/ha necesitará absorber aproximadamente 200 kg de N/ha a lo largo de su ciclo. La aplicación del fertilizante es tan importante como la cantidad utilizada.
En años con lluvias abundantes, concentrar toda la dosis en presiembra puede aumentar el riesgo de pérdidas por lixiviación. Una estrategia más eficiente consiste en fraccionar la aplicación: una parte al momento de la siembra y el resto entre los estadios de crecimiento V6 y V8. Esto permite que el cultivo absorba el nitrógeno en momentos críticos.
El seguimiento durante el ciclo de cultivo, utilizando herramientas como clorofilómetros y sensores de vegetación, puede mejorar la eficiencia del uso del nitrógeno y el margen económico. En un ejemplo en la región núcleo, se compararon dos estrategias de fertilización: con 75 kg/ha de N se logró un rendimiento de 8 t/ha y un margen bruto de 470 USD/ha, mientras que con 110 kg/ha de N el rendimiento fue de 10 t/ha y un margen de 650 USD/ha.
En conclusión, el maíz tardío no requiere menos nitrógeno, sino un diagnóstico más preciso que permita ajustar la dosis y el momento de aplicación, maximizando así el rendimiento y minimizando el desperdicio de fertilizante.
Fuente: La Nación










