Las recientes intensas lluvias en la principal región productora de ajo del país han generado un panorama preocupante para los agricultores del Valle de Uco, Mendoza. Con acumulados de hasta 170 milímetros en tan solo tres semanas, los cultivos se han visto seriamente perjudicados, lo que podría resultar en pérdidas de rendimiento de hasta un 17%.
Los productores enfrentan una situación crítica debido a los bajos precios que reciben por su mercadería, los cuales no son suficientes para cubrir los costos de producción. Actualmente, el ajo en verde se comercializa entre $250 y $300 por kilo, mientras que los gastos para cultivar una hectárea oscilan entre US$8000 y US$11.000.
Según Pablo Della Lucía, productor local y representante de la Sociedad Rural Argentina (SRA), las condiciones climáticas adversas han afectado el tamaño de las cabezas de ajo, lo que podría traducirse en una merma de entre 5000 y 6000 kilos por hectárea. Esta reducción se suma a una difícil situación comercial que ya arrastra el sector desde la campaña anterior.
La falta de compradores es otro de los grandes desafíos. La incertidumbre sobre el clima ha llevado a los galponeros a abstenerse de comprar, ya que temen que las lluvias continúen deteriorando la calidad del producto. Esta situación ha llevado a muchos agricultores a optar por conservar el ajo en el campo, lo que requiere mano de obra y recursos económicos que no todos tienen disponibles.
La cosecha del ajo debe realizarse en un periodo óptimo para evitar la pérdida de calidad, y las lluvias han complicado los tiempos de recolección. Los productores ahora se enfrentan al dilema de cosechar antes de lo ideal o arriesgarse a perder calidad en sus productos.
Las dificultades se ven agravadas por la dependencia comercial de Argentina respecto a Brasil, donde alrededor del 70% del ajo argentino se exporta. Della Lucía advirtió que las medidas antidumping que Brasil retiró a favor de exportadores chinos han permitido la entrada de ajo a precios competitivos, afectando aún más los ingresos de los productores locales. A pesar de que Argentina también exporta a mercados como Estados Unidos y México, la dependencia de Brasil es crucial para la estabilidad del sector.
Con alrededor de 17.057 hectáreas cultivadas en Mendoza, los productores esperan que las condiciones del mercado mejoren a medida que avanza la temporada comercial, aunque la situación actual plantea serios desafíos para el futuro de la producción de ajo en la región.
Fuente: La Nación










