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El Gran Anillo: De Récord Guinness a la Demolición inminente

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En la isla artificial de Yumeshima, Japón, se ha levantado el Gran Anillo, una monumental estructura que ha sido reconocida como la construcción de madera más grande del mundo, según el Récord Mundial Guinness. Desde su inauguración a inicios de 2026, esta obra arquitectónica ha sido un punto neurálgico para la Expo 2025, conectando pabellones y facilitando el flujo de millones de visitantes.

Con una impresionante circunferencia de casi dos kilómetros y una superficie que supera los 61.000 metros cuadrados, el Gran Anillo fue diseñado por el arquitecto Sou Fujimoto, en colaboración con Tohata Architects & Engineers y Azusa Sekkei Co., Ltd. Su construcción, que requirió una inversión de aproximadamente 34.400 millones de yenes (unos 230 millones de dólares), no solo cumplió funciones de circulación, sino que también ofreció refugio ante el clima adverso, protegiendo a los visitantes de la lluvia, el viento y la intensa radiación solar.

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Una de las características más destacadas de esta obra es la utilización de la técnica ancestral del nuki, un sistema constructivo que permite el ensamblaje sin tornillos ni clavos visibles, similar al utilizado en el histórico templo Kiyomizudera de Kioto. Esta técnica fue adaptada a gran escala, incorporando refuerzos metálicos para asegurar la estabilidad de la estructura en una zona propensa a terremotos. En total, se emplearon 27.000 metros cúbicos de madera, de la cual el 70% es de especies locales, como el cedro japonés y el ciprés hinoki.

No obstante, el futuro del Gran Anillo se encuentra en una encrucijada. Aunque concebido como un símbolo de unidad y sostenibilidad, su naturaleza temporal ha suscitado controversias políticas y ambientales. Tras el cierre de la exposición en octubre, se iniciaron los trabajos de desmantelamiento. Según declaraciones del arquitecto Fujimoto, las autoridades han decidido conservar solo el 10% de la estructura, es decir, cerca de 200 metros, mientras que el resto enfrenta un incierto destino, con posibilidades de ser incinerado.

Las críticas hacia esta decisión no se han hecho esperar. Fujimoto ha expresado que “quemar la madera del Gran Anillo es lo peor que se puede hacer”, mientras que algunos funcionarios han sugerido que parte de los materiales podría ser donada para la reconstrucción de viviendas tras los sismos de 2024. Sin embargo, la realidad actual apunta a una demolición masiva.

Desde el inicio, el arquitecto había aspirado a que esta obra se convirtiera en un legado cultural, similar a la Torre Eiffel. A pesar de su inminente demolición, el Gran Anillo permanece como un testimonio del potencial de la arquitectura al fusionar tradición, oficio y tecnología, aunque su posible desaparición resalta las tensiones entre decisiones políticas de corto plazo y la necesidad de preservar obras de alto valor simbólico y ecológico.

Fuente: La Nación

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