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Crisis educativa: ocho de cada 10 rechazan la promoción automática, pero la repitencia pierde consenso como solución

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Los sistemas de promoción escolar vuelven a instalarse en el centro del debate educativo. Mientras una amplia mayoría rechaza que los alumnos avancen de grado sin haber acreditado los aprendizajes mínimos, el respaldo a la repitencia aparece mucho más moderado y gana fuerza la idea de reforzar el acompañamiento pedagógico antes que hacer repetir a un estudiante. Esa es una de las principales conclusiones de un relevamiento realizado por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

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El trabajo, realizado durante abril de este año, analizó percepciones sobre la repitencia, la estigmatización escolar, las responsabilidades frente al bajo rendimiento y las alternativas consideradas más adecuadas para garantizar los aprendizajes. De fondo aparece un debate que desde hace años atraviesa al sistema educativo: cómo asegurar que los alumnos incorporen los conocimientos esperados sin que las decisiones adoptadas afecten sus trayectorias escolares ni su desarrollo social y emocional.

Durante décadas, la repitencia fue una de las principales herramientas para responder a las dificultades de aprendizaje. Sin embargo, distintas investigaciones comenzaron a advertir que esa decisión también puede tener consecuencias que exceden el rendimiento académico. Repetir un grado implica separarse del grupo de compañeros de la misma edad e incorporarse a otro curso, una situación que puede derivar en procesos de estigmatización, afectar la autoestima, alterar los vínculos y disminuir la motivación escolar.

Cambios

En paralelo, distintas jurisdicciones comenzaron a introducir cambios en sus sistemas de acreditación. Tanto la Ciudad como la provincia de Buenos Aires impulsaron en los últimos años esquemas que buscan reducir la repitencia tradicional mediante instancias de intensificación de la enseñanza, recuperación de contenidos y acreditación por materias o áreas específicas. A la vez, investigaciones internacionales advirtieron sobre los riesgos de los sistemas de promoción automática cuando no están acompañados por apoyos pedagógicos y evaluaciones que permitan verificar los aprendizajes.

En ese escenario, casi ocho de cada 10 encuestados se manifestaron en contra de los sistemas de promoción automática que permiten avanzar de grado sin posibilidad de repetir. El dato refleja una fuerte valoración de mecanismos que aseguren aprendizajes mínimos antes del paso al siguiente nivel educativo. El relevamiento se realizó entre 516 personas mayores de 18 años del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA)

Sin embargo, esa posición no implica un respaldo absoluto a la repitencia. El 58% consideró que repetir un grado puede ser una herramienta válida, aunque únicamente en situaciones excepcionales para garantizar aprendizajes y competencias fundamentales. Las opiniones también aparecen divididas respecto de su eficacia: el 37% cree que ayuda a estudiantes con dificultades en comprensión lectora o matemática, el 36% sostiene lo contrario y el 27% mantiene una postura intermedia.

Las dificultades de aprendizaje son percibidas como una situación frecuente dentro de las aulas. Ocho de cada 10 participantes afirmaron haber observado durante los últimos cinco años casos de alumnos con problemas de comprensión lectora o matemática. El 42% respondió que los vio “algunas veces” y el 37% “frecuentemente”, mientras que una minoría indicó haberlos observado rara vez o nunca.

Pese a esa percepción, más de la mitad consideró que actualmente las decisiones de hacer repetir un grado por esas dificultades ocurren poco o muy poco frecuentemente. El 54% eligió esas opciones, frente al 22% que las calificó como moderadamente frecuentes y al 7% que sostuvo que son muy frecuentes.

Las respuestas también permitieron conocer cuáles son las modalidades de acreditación escolar que generan mayor aceptación. Las alternativas que combinan promoción con exigencia académica, recuperación de contenidos y acreditación efectiva de los aprendizajes concentraron los mayores niveles de acuerdo. La repetición completa del grado obtuvo un 50% de aceptación total o parcial y la promoción con recursado de materias específicas alcanzó un 47%.

En cambio, la promoción con apoyo obligatorio dividió opiniones: el 39% manifestó estar de acuerdo y el 40% expresó su desacuerdo. El mayor rechazo se concentró en la promoción automática con acompañamiento continuo, basada en el avance permanente junto al grupo de la misma edad sin posibilidad de repetir, cuestionada por cerca de ocho de cada 10 encuestados.

Más allá de las modalidades de promoción, el impacto social de la repitencia también ocupa un lugar relevante. Casi la mitad de los participantes sostuvo que repetir un grado puede estigmatizar al alumno frente a sus compañeros y el 45% consideró que esa situación puede producir efectos negativos duraderos sobre el desarrollo social y emocional de los estudiantes.

Consultados sobre las responsabilidades cuando un alumno repite de grado, el 34% señaló al propio estudiante y el 30% a la familia. Bastante más atrás quedaron la escuela o el sistema educativo, mencionados por el 18%; las condiciones sociales y económicas, con el 8%; y los docentes, con apenas el 3%. Entre los jóvenes predomina una mayor tendencia a atribuir la responsabilidad al alumno, mientras que entre los mayores de 34 años aumenta la proporción de quienes la distribuyen entre la familia, la escuela y otros factores.

El estudio también analizó las percepciones sobre las responsabilidades frente a las dificultades de aprendizaje y los recursos disponibles para abordarlas. Más de la mitad de los encuestados, el 51%, consideró que los docentes no cuentan con la formación suficiente para detectar y tratar problemas de comprensión lectora o matemática. A su vez, el 56% opinó que las familias no comprenden adecuadamente las consecuencias sociales y emocionales que puede generar la estigmatización escolar.

En ese contexto, las estrategias que reunieron mayor consenso fueron aquellas orientadas a fortalecer el acompañamiento pedagógico. La implementación de programas de apoyo dentro del aula fue la alternativa más mencionada, con el 53% de las respuestas. Le siguieron las evaluaciones diagnósticas tempranas, con el 47%; las clases particulares externas y el trabajo conjunto con las familias y la comunidad, ambas con el 41%; y la formación docente específica para detectar dificultades de aprendizaje, con el 38%.

La repetición de grado quedó relegada entre las opciones menos elegidas. Solo el 25% la mencionó como una estrategia para resolver problemas de comprensión lectora o matemática, muy por debajo de las propuestas vinculadas con el refuerzo pedagógico y la detección temprana.

Para profundizar ese análisis, el relevamiento presentó un caso hipotético protagonizado por “María”, una alumna de tercer grado con dificultades de comprensión lectora, bajo rendimiento escolar y pérdida de interés por las actividades, cuyo equipo docente propone que repita el grado mientras su familia atraviesa una situación de angustia.

Ante ese escenario, la intervención psicopedagógica fue la alternativa elegida con mayor frecuencia como primera medida, con el 44% de las respuestas. El refuerzo pedagógico intensivo durante el ciclo lectivo ocupó el segundo lugar, con el 28%, mientras que las clases particulares quedaron como una opción complementaria. Solo el 9% consideró que la primera respuesta debería ser hacer repetir a la alumna y el 67% ubicó esa alternativa en el último lugar entre las opciones planteadas.

“Estigmatización”

La encuesta también consultó cuál sería el impacto de esa decisión sobre la estigmatización de la estudiante. Tres de cada cuatro participantes respondieron que la probabilidad de que María fuera estigmatizada aumentaría mucho o moderadamente si repitiera el grado. El 42% eligió la opción “moderadamente”, el 33% respondió “mucho”, mientras que el 17% consideró que el efecto sería poco significativo y apenas el 5% sostuvo que no existiría impacto.

El estudio sobre el rol de las universidades frente a las dificultades de aprendizaje muestra un consenso amplio en torno a la formación docente como eje central: el 75% considera prioritario capacitar a los docentes para detectar tempranamente problemas en lectura y matemática, el 67% respalda el trabajo conjunto entre universidades y escuelas y el 60% valora las campañas de sensibilización a familias y educadores.

En relación con la repitencia, las opiniones aparecen más divididas, ya que el 49% la entiende como una herramienta posible en casos puntuales pero no principal, mientras que el 23% propone una postura crítica desde las universidades y el 22% considera que no deberían posicionarse.

El relevamiento también evidencia diferencias según perfiles, con mayor respaldo masculino a la repitencia como recurso excepcional, mayor inclinación femenina hacia alternativas pedagógicas y, por edades, más énfasis en formación docente entre los mayores de 34 años y mayor apoyo a clases particulares entre los más jóvenes.


Fuente: La Nación

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